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DEL CONFLICTO A LA ESPERANZA III

Nos fuimos a dormir tarde, como 6 en una habitación, llovió toda la noche, pero don Antonio  dijo que eso era bueno porque entonces amanecía despejado. Amaneció , me despertó el aleteo desesperado e inútil de una gallina que fue despescuezada, hervida, desplumada y cocinada! Ese fue nuestro desayuno, acompañada de una montaña de arroz y papas cocidas, y nos empacaron en bolsitas como fiambre gallina despescuezada, hervida, desplumada y cocinada con arroz y papas cocidas.

No me bañé, dije que suficiente agua había recibido el día anterior y que me bañaba por la noche. Instantes antes, y como medida de prevención, llené de cinta masking los huecos de mi capa, intentando remendarla y evitar, que si llovía, esperaba con fervor que no, no me pasara el agua.

A la llegada, la tarde anterior, había hecho la parte final de la entrevista de Laura P. , afectada como estaba por el impacto de no encontrar nada, su testimonio fue conmovedor.

Durante todo el regreso, mi temor era enfrentar de nuevo el paso por el Páramo del Paramillo, habíamos logrado ganar un día de viaje entonces tenía, a como diera lugar, que comunicarme con la oficina para coordinar el asunto del transporte, y la única manera de hacerlo era llegar a La Vega, antes de las 4 de la tarde y rogar que hubieran mandado una clave desde la Gobernación de Antioquia, para hacer una llamada satelital. Llevaba 3 días de incomunicación total. Ganarnos , ese día de grabación significada que tenía un día para estar en la oficina, jueves, antes de emprender un nuevo viaje, viernes, al Yari al cubrimiento de la X Conferencia de las FARC, podría lavar, además , la ropa y dejar las cuentas pagadas  de la quincena  y girarle a Samuel, mi hijo,  antes de irnos nuevamente.

Intenté acelerar el paso con mi mula y la verdad don Antonio  y yo les tomamos una amplia ventaja a Iván y a Laura P. , llegamos a la casa de la Colonia de Antadó, donde nos volvieron a recibir las chicas risueñas, me dio tiempo de bajarme y estirarme sobre una mesa y poner mis pies lo más alto que pude, cuando arribaron los chicos, tomamos gaseosa y papitas de paquete pero no quisimos almorzar porque era muy temprano.

Seguimos y le pedí a don Antonio , que almorzáramos antes de subir al Páramo, me hizo caso y lo hicimos a la orillita de una quebrada, pudimos lavar las cucharas y hacer chichi, en la manga, esta vez ya mi vejiga estuvo más dispuesta.

Empezamos el ascenso, estaba llena de temores, pero había algo a mi favor y es que no estaba lloviendo, y me animaba pensar, que si caía agua había remendado con  cinta masking y esmero mi capa. Comenzó el ascenso y el ambiente a llenarse de neblina, miraba al cielo continuamente esperando no toparme con gotas de lluvia.

Y llagamos al Páramo, al sitio que unas 24 horas antes me había hecho perder la cabeza, estábamos secos, aprecie lo bello de la vegetación en este lugar, los colores del musgo, que no siempre es verde, a veces rojo y a veces gris, el tamaño de los troncos de los árboles y la variedad de pinos, el olor a humedad, pero a una humedad fresca.

Había rastro de las hojas de biao que el día anterior habíamos dejado allí , sentí lo de siempre: todo pasa, esa situación que ayer me perturbó ya es parte del pasado, de mi pasado lleno de experiencias, anécdotas y cuentos para contar, me imaginé sábado en casa, narrando a mis padres, hermana y sobrinos esta nueva aventura, porque en casa es así, todos mis viajes son aventuras cargadas de peligro, que siempre tienen el mismo remate cuando termino: “ Tiaaa a usté porque es que le gusta tanto sufrir” me dice mi sobrino Daniel.

Y la verdad no sufro, este trabajo, estas experiencias, estos personajes, son los que le dan sentido a mi vida a diario, amo mi profesión.

Volvimos a tomarles ventaja a Laura P, y a Iván don Antonio y yo, la verdad es que Iván odia las mulas, entonces aprovecha cualquier pretexto para bajarse y caminar, y yo iba afanada por llegar a tiempo a La Vega y lograr comunicarme con la oficina.

Don Antonio insistía en descansar y yo le decía que no. Llegamos a La Vega a las 4 y 30 de la tarde, cuando entramos al caserío, le pedí a don Antonio  que me ayudara a bajar del caballo, no me podía mover, avanzando muy despacio me dirigí hasta la tienda y le pedí a la señora que me prestara el baño, había que bajar unas escalas y al primer intento las rodillas se me doblaron, si no me agarró con fuerza de la chambrana hubiera rodado,  sin dudarlo.

Entonces bajé sentada, para subir fue un suplicio, todo me dolía, le dije a la señora que si tenía tinto y me dijo que sí, se apresuró a prepararme uno, le pregunté por el asunto de la llamada y me dijo que bajara hasta la casa de rombos rojos y que preguntara por David, que él me diría si habían mandado clave o no al punto digital.

Menos entumida bajé hasta la casa de rombos rojos y pregunté por David, me dijo que sí habían mandado código que fuéramos hasta la escuela. Bajar más? Don Antonio  me alcanzó y me dijo que estaba cansado, que él se seguía, que había que cambiar de bestias, que esperara yo a los chicos, le di las gracias y le dije que listo.

Saqué el teléfono para buscar el número  de Lillyana, mi jefe, y horror de horrores, el celular estaba descargado, rebujé en mi mente, siempre decía que era el único teléfono celular que sabía de memoria, 310…833..7971, sí ese es, marcamos y escuché su aló, amable y cantadito.

“ Lillyana “ le dije y de inmediato me interrumpió “ Sandritaaaaa, dónde andas, te hemos llamado 60 veces, puesto mensajes, whastaspp”, “ Ay Lillyana, pues creo que estuve no en el fin del mundo, pero sí en el fin de Antioquia, todo bien, pero muy duro, ayer me puse a llorar , pero después te cuento, necesito que el transporte nos recoja mañana en un punto específico”, entonces me dijo que antes de pasarme a Daniela para darle esa instrucción me consultaba varias asuntos, tomamos decisiones rápidas, me pasó a Lina qué necesitaba aclarar algo y a Marcela, a quien le pedí que llamara a mi casa.

Al fin llegaron Iván y Laura P. , que se bajaron de las mulas para descansar y éstas después no se dejaron montar más , tomamos otras mulas y llegamos a la casa Don Antonio, me di un baño como de dos horas, me estregué duro como me indicó doña Flor  para evitar dolores posteriores, comimos huevo revuelto con arroz y más deliciosas tajadas de maduro, aproveché para revisar el material y Laura P. e Iván les mostraron a todos las fotos del camino, estando en esas tembló la tierra como jamás había experimentado, la casa se movía en todas las direcciones, nos salimos para el patio. Toda la noche  fueron réplicas del epicentro que fue ahí detrás, en el Municipio de Mutatá.

Al día siguiente salimos a las 9 de la mañana, les agradecí a todos la hospitalidad, como no pude comunicarme más con la oficina, venía con la angustia de no saber si sí habían logrado coordinarme el transporte, a las 12 del día llegamos a la Punta del Viejo Inglés y vi, como seguro ven los secuestrados al helicóptero de la cruz roja, el carro que nos traía de nuevo a Medellín. Fue todo un alivio.

Arribando a Ituango me comenzaron a entrar los avisos de las llamadas perdidas y los mensajes de whatsapp, respondí algunos con mucha alegría y tuve la calma de reflexionar sobre esa Colombia tan cerca y tan lejos, tan llena de inequidad e injusticia, de paisajes bellos, exóticos y enloquecedores y de gente sencillamente encantadora, que lucha, que no se resiste, que busca los caminos para reparar sus dolores y seguir, seguir y seguir, sin escatimar  en cuanto haya que luchar.

* Nombres ficticios

La próxima semana otra Crónica del más allá…

Por : Sandra Jaramillo